Mi entorno sonoro. Paola Gutiérrez López

Mi Entorno Sonoro

Me levanto con el pie derecho los días que recuerdo programar el despertador para que a las siete menos cuarto suene la radio en vez de un estridente pitido que podría despertar a toda la calle. Desde mi habitación puedo escuchar a mi hermano, haciendo el desayuno. Las noticias de la mañana me acompañan desde que decido salir de la cama hasta que escapo escaleras abajo. O hasta que recuerdo apagarla.

Solemos tener de fondo la televisión o algún vídeo de Youtube durante el desayuno, pero cuando él se va al instituto la casa se queda en silencio, a menos que mi perro oiga pasar algún coche y crea que es alguien conocido, porque entonces se pone a ladrar.

Salgo la última y cojo el coche para ir a la universidad. Nada más encenderlo me reciben el ruido del motor y Radio Dynamis, que cambio rápidamente por cualquier otra, generalmente Cadena Ser. El problema es que de camino a clase la señal viene y se va; ruido, música, más ruido, frases a medio terminar y noticias de las que no hay manera humana de enterarse. Por lo que recurro a las otras cadenas hasta que alguna se escucha sin ruido ni cortes. Suelo llegar antes

Sí, necesito una radio nueva.

El día transcurre de manera tranquila. La universidad tiene un aire entre bullicioso y tranquilo y los silencios los llenan conversaciones con compañeros. De nuevo tengo esa pelea tan personal con el coche cuando terminan las clases, pero vuelvo sin incidentes.

Si estaban programados, al llegar a casa me reciben el lavavajillas o la lavadora. Y mi perro, ladrando emocionado porque sabe que le toca paseo. Antes de comer hay que sacarle y, claro, el pobre se emociona. Ladra anunciando que salimos hasta llegar a la esquina, donde se calma. A esas horas las calles están casi vacías y sólo puedo adivinar que aparecerá gente al escuchar el aviso de la llegada de algún tren. Así que el paseo resulta calmo y silencioso por mi parte, con algún coche que pasa, mis pasos y el ruido que puedan hacer los pájaros de banda sonora.

Como con los anuncios de Antena 3 de fondo, a lo largo de los años de desarrollado la nada envidiable habilidad de llegar cuando los Simpsons están en un descanso y terminar de comer cuando los capítulos comienzan.

La tarde pasa rápidamente. Con sólo música de Youtube y las teclas del ordenador al principio, pasos y las voces de mi familia después. Y la cena, con la televisión de fondo, a la que no hacemos demasiado caso porque la tapa la conversación. 

Huimos de la cocina nada más terminar, aunque sirve de poco pelear por ser el primero en hacerse con el mando. Hablamos, vemos la televisión y, poco a poco, nos vamos retirando a dormir. El salón se queda vacío y la casa en calma.

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